Impuestos

El Decreto N° 246/012, de fecha 2 de agosto de 2012, dispuso que a partir del 1° de octubre de 2012 aumentan las alícuotas del Imesi aplicable a los vehículos utilitarios y no utilitarios.

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Recordemos que el Imesi es un tributo que recae sobre la primera enajenación de ciertos bienes, entre los que se encuentra los vehículos, y se calcula aplicando el porcentaje establecido por el Poder Ejecutivo sobre el precio de la venta.

 

 

Pero la incidencia de los impuestos nacionales sobre las ventas de vehículos no termina allí, porque además del Imesi, también el IVA las grava, y este impuesto se calcula sobre el precio de venta más los otros tributos que inciden en la operación, como ocurre con el Imesi.

Por lo tanto, en el caso de un vehículo cuyo precio de venta es de $ 100, si la alícuota del Imesi es de 30% (como ocurre hoy con los automóviles de pasajeros de entre 1.500 y 2.000 centímetros cúbicos), entonces el precio más Imesi es de $ 130, y si agregamos el IVA, actualmente de 22%, entonces resulta que el precio al consumidor será de $ 158,60 (Imesi: $ 100 x 30%= $ 140; IVA: $ 130x 22% = $ 158,60; precio al consumidor: $ 158,60).

Ahora bien, el nuevo decreto incrementa aun más las alícuotas o porcentajes del Imesi, y por ende, aumentará no solo la incidencia de dicho impuesto sobre el precio de venta de los vehículos, sino que en virtud de lo expuesto, también se incrementará la incidencia del IVA, que se calcula -como vimos- sobre el precio más Imesi.

Continuando con el ejemplo de los vehículos de pasajeros entre 1.500 y 2.000 centímetros cúbicos, y suponiendo el mismo precio de $ 100, resulta que a partir del 1° de octubre de 2012 el porcentaje de Imesi para esa categoría será de 34,5%, y por ende, el precio más Imesi arrojará la suma de $ 134,50. Siendo esa cifra la base de cálculo del IVA, la incidencia final al consumidor será equivalente a $ 164. En consecuencia, a partir del 1° de octubre el precio del vehículo del ejemplo pasará de $ 158,60 a $ 164. Como puede verse, se incrementa una carga impositiva que ya superaba el 50% del precio del vehículo.

Esto explica que en nuestro país el consumidor pague un precio muy superior a los países del primer mundo por el mismo vehículo, o que pague un precio que en esos países le hubiese permitido acceder a un automóvil superior, con mayores prestaciones.

Así por ejemplo, explorando la Web se puede constatar que un auto mediano, que podría ser atractivo para un consumidor sin un gran poder adquisitivo, como es el Hyundai Accent de 1.600 centímetros cúbicos, que incluye ciertos dispositivos de seguridad como las bolsas de aire y el ABS, en USA tenga un precio de US$ 14.000, mientras que en Uruguay su precio es más del doble.

No parece que ello se deba a desmedidas ambiciones de ganancia del importador, sino que hay una clara incidencia de los impuestos, que hace que los vehículos con esas prestaciones de seguridad (y otras) sean muy caros en el mercado local, tanto que los vuelven prácticamente inaccesibles para una importante cantidad de consumidores, lo que a su vez desestimula la importación por parte de las automotoras.

En esta nota queremos llamar la atención sobre este tema, porque esa incidencia impositiva termina desfavoreciendo la seguridad del consumidor uruguayo, pues si quiere acceder a un automóvil con determinados dispositivos de seguridad (como por ejemplo el sistema ABS en los frenos, las bolsas de aire para el caso de accidentes, o un sistema electrónico de estabilidad) el precio en plaza del mismo (con impuestos) se lo puede volver inaccesible, porque obviamente dichos dispositivos aumentan el precio, que incidido por los impuestos llega a los altos guarismos señalados.

Entonces, el consumidor deja de mirar como atractivo un auto con todas las prestaciones de seguridad que en países del primer mundo son preceptivas, y se "conforma" con uno sin dichas prestaciones.

Parece necesario preguntarse si se justifica esa incidencia de un impuesto que, al menos en la teoría, se justifica para desestimular el consumo de ciertos bienes nocivos o gravar el consumo de productos suntuarios.

En el caso de los vehículos parece que no, al menos si se lo mira desde el lado de la seguridad en el tránsito de los ciudadanos, que tanto preocupa por estos días.

Es por eso que la suba del Imesi en los vehículos no nos parece conveniente, especialmente con respecto a automóviles que lejos están de ser "lujosos".

Fuente: Café y Negocios de El Observador